Bitcoin volvió a acercarse a sus máximos locales durante el fin de semana y cerró la semana en torno a los 88 000 dólares, sorprendentemente sin fluctuaciones significativas. El mercado ignoró incluso la expiración récord de opciones por valor de unos 24 000 millones de dólares. Así, al final del año se plantea una cuestión diferente a la habitual: ¿será este el primer año «en rojo» tras el halving de la historia?
La volatilidad ha desaparecido. Ni siquiera 24 000 millones en opciones han alterado el mercado
Mientras que hasta hace poco bastaba una sola noticia importante para provocar un movimiento brusco, en los últimos días el Bitcoin da una impresión casi «sedante». Una serie de falsas alarmas indicaron cierto nerviosismo, pero ninguna de ellas se convirtió en una tendencia. Los operadores de BITmarkets observan así uno de los contrastes más interesantes de finales de año: el precio es alto, pero el mercado se comporta como si estuviera esperando una orden.
Algunos analistas señalan que el ritmo podría haberse visto frenado a corto plazo por la enorme expiración de opciones, un acontecimiento que suele ir acompañado de una mayor volatilidad. Sin embargo, esta vez, paradójicamente, se ha producido una estabilización. Esto recuerda al escenario en el que el mercado se «limpia» primero para poder moverse sin ruido innecesario.
El RSI envía una señal. Y, al mismo tiempo, se rompe la vela psicológica anual
En el gráfico de tres días ha aparecido una divergencia alcista del RSI, un patrón que, según el operador Jelle, ha precedido en el pasado a dos importantes mínimos locales. Esta vez, vuelve a aparecer una señal similar, además cerca de un soporte clave. Técnicamente, el mercado tiene así un argumento para rebotar, aunque por ahora falta la confirmación.
Al mismo tiempo, se abre un tema que Bitcoin aún no ha experimentado en esta forma: si el año cerrara en negativo (actualmente alrededor del -6 %), sería el primer año negativo posterior al halving en la historia. Esto podría socavar la creencia dogmática en los ciclos de cuatro años, que el mercado ha dado por sentado durante mucho tiempo. Y, como destaca Keith Alan, de Material Indicators, esta vez no tiene por qué decidir la mecha, sino el precio de cierre.
