Cripto: En EE.UU. se reabre el debate sobre la regulación de cajeros automáticos de criptomonedas. La ciudad de Haverhill en Massachusetts está considerando su prohibición total y se une así a un número creciente de jurisdicciones que ven estos dispositivos como una herramienta potencial para la delincuencia financiera. La propuesta llega en un momento en que el sector enfrenta no solo presiones regulatorias, sino también problemas por parte de los propios operadores.
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Haverhill quiere eliminar cajeros de cripto en 60 días
El consejo municipal de Haverhill tiene previsto debatir una ordenanza que prohibiría la operación de cajeros automáticos de criptomonedas en el territorio de la ciudad. La propuesta fue presentada por la alcaldesa Melinda E. Barrett y el consejo ya la aprobó por unanimidad el 17 de marzo con una votación de 11:0 en la primera lectura.
Si la ordenanza entrara en vigor, todos los quioscos de cripto y cajeros automáticos deberían ser retirados de la ciudad dentro de 60 días. De lo contrario, los operadores enfrentarían multas de 300 dólares diarios.
Según la ciudad, las razones principales son las preocupaciones sobre fraudes financieros, lavado de dinero y protección insuficiente de usuarios. La ordenanza también señala la ausencia de regulaciones claras estatales y federales, lo que obliga a los gobiernos locales a actuar por su cuenta.
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La tendencia se expande por EE.UU.
Haverhill no es la única. En los últimos meses, aumentan los estados y ciudades estadounidenses que intentan limitar u prohibir completamente la operación de cajeros de criptomonedas. Por ejemplo, en Minnesota se presentó una propuesta de ley en febrero que podría llevar a su prohibición y ampliar la regulación existente desde 2024.
La razón es similar en todas las jurisdicciones: el aumento acelerado de fraudes, donde los delincuentes aprovechan el anonimato y la rapidez de las transacciones de cripto. Las víctimas suelen ser convencidas para depositar dinero en efectivo en el cajero automático y enviarlo a direcciones controladas por estafadores, siendo prácticamente imposible recuperar los fondos.
Bitcoin Depot bajo presión: caída de acciones y problemas regulatorios
Las intervenciones de las autoridades llegan en un momento en que el propio modelo de negocio de los operadores enfrenta problemas. Bitcoin Depot, uno de los mayores operadores de cajeros de cripto en EE.UU., ha experimentado una caída significativa en el valor de sus acciones.
Desde 2025, el precio de sus acciones ha bajado más del 90% y el martes se cotizaba en Nasdaq a 2,06 dólares. Además de la caída del mercado, la empresa enfrenta intervenciones regulatorias directas.
En marzo, los reguladores bancarios en Connecticut le emitieron una orden temporal de cese de actividades que suspendió efectivamente su licencia de transferencia de dinero. Otros problemas legales provienen de Iowa y Massachusetts, donde las autoridades demandan a la empresa por presuntamente facilitar fraudes de cripto.
La situación también se complica con un cambio en el liderazgo de la empresa. El director ejecutivo Scott Buchanan se retiró después de menos de tres meses en el cargo y fue reemplazado por Alex Holmes, ex CEO de MoneyGram y actual miembro de la junta directiva.
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No son solo un riesgo. Por qué los cajeros de cripto tienen sentido
Aunque los reguladores advierten sobre los riesgos, los cajeros automáticos de cripto también tienen su justificación. Para muchas personas, representan la forma más simple de acceder a criptomonedas sin necesidad de abrir una cuenta en un exchange o pasar por procesos complicados en línea.
Especialmente para usuarios menos tecnológicamente expertos o quienes prefieren efectivo, funcionan como un «puente» entre el mundo financiero tradicional y los activos digitales. En algunas regiones, además, sirven a personas sin acceso a servicios bancarios convencionales.
La seguridad de los dispositivos en sí misma generalmente no es el principal problema – las transacciones se registran en la blockchain y los operadores a menudo implementan mecanismos de verificación. El riesgo surge principalmente cuando los usuarios son manipulados por estafadores, no por la tecnología en sí.
El debate sobre su futuro no es, por lo tanto, blanco y negro. Muestra más bien la necesidad de una mejor regulación y educación de usuarios que la de prohibiciones generalizadas.
